MÉXICO: pueblo católico, pueblo elegido.

“...en el cielo tu eterno destino por el dedo de Dios se escribió…”
Himno Nacional Mexicano


Estamos en el mes de septiembre, conocido como el mes patrio, donde se conmemora tanto el inicio como la consumación de nuestra independencia.

Ante esto vale la pena recordar que el nuestro es un país católico, y no cualquier país católico ya que se trata de un pueblo elegido por el mismísimo Dios.

Como a algunos les parecerá difícil comprender lo segundo, me gustaría centrarme en la primera parte de esta afirmación: “México ES un pueblo católico”.

Esto no quiere decir que todos los mexicanos sean católicos sino que hablamos de la esencia misma de este país; así cómo sería absurdo pretender que Arabia no es un país musulmán, es igualmente ridículo negar que México es una nación católica.

Y vamos a tratar de demostrarlo de una forma sencilla y lo más visual posible, empecemos observando a la hermosa bandera de nuestro país.



La bandera de México forma parte de los símbolos patrios, los cuales aún se protegen como cuasi sagrados; basta recordar el respeto que se le debe guardar al Himno Nacional en eventos masivos donde, a diferencia de nuestros vecinos del norte, sería prácticamente un sacrilegio atreverse a tocarlo con guitarras eléctricas o cambiar el ritmo de la melodía. 

De igual manera, está prohibido lucrar con el escudo nacional por lo que las federaciones deportivas (como la famosa FEMEXFUT) utilizan versiones alteradas del mismo para evitarse problemas legales.

Pero antes de adentrarnos en la actual tricolor conviene comenzar por el principio, por la bandera mexicana original; por supuesto que nos referimos al estandarte guadalupano.

Ni siquiera hace falta entrar en el debate de a quién corresponde verdaderamente el título de Padre de la Patria, si a Hidalgo o a Iturbide, ya que vamos a adherirnos a la versión “oficial”.

Cuenta la historia que la lucha por la independencia de nuestra nación comenzó cuando a un cura se le ocurrió llamar al pueblo repicando las campanas de la iglesia de Dolores, con una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe y gritando vivas al Rey de España (elegido por derecho divino) y a la Virgen de Guadalupe ¿es posible imaginar otro escenario más católico que éste?

Y es que justamente solo la Virgen de Guadalupe, que había hecho posible convertir a un continente entero, era capaz de unir a todas las castas de los novohispanos para luchar por una causa común.

No en vano después se le da el título de Reina de México y Emperatriz de América, ya que su veneración no hace más que acrecentarse a lo largo de los siglos a través de todo el territorio americano. 

En contraste tenemos al ídolo nacional impuesto, Bomberito Juárez, al que prácticamente nos obligan a llamarlo “Benemérito de las Américas” cuando en realidad fuera de nuestras fronteras no figura para nada; ni siquiera nos detenemos a pensar que los  gringos son los únicos que se refieren a nuestro continente como “las Américas” para intentar comprender desde dónde viene la imposición del falso ídolo.


Volviendo al tema de la bandera, en nuestras escuelas se enseña que el significado de sus colores son Verde: Esperanza; Blanco: Unidad y Rojo: la sangre de los héroes nacionales; siendo esto pura caca de toro o como dicen los gringos, bullshit.

En realidad los colores son tomados de la bandera del Ejército Trigarante liderado por Iturbide cuyo significado se puede leer directamente en ella: UNIÓN, RELIGIÓN (católica) e INDEPENDENCIA porque esas eran las tres garantías sobre las cuales se fundaba la nueva nación.

Esa nación independiente que promulgó su primer constitución en 1824 y que comenzaba diciendo:

“En el nombre de Dios Todopoderoso, autor y supremo legislador de la sociedad, …”

Y cuyo tercer artículo rezaba:

“La religión de la nación mexicana es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana. La nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra.”

Pero ¿no se supone que nos acababamos de librar de tres siglos de “imposición” por parte de los malvados conquistadores españoles? Y para ese entonces ya habíamos desterrado al “traidor” Augustín de Iturbide ¿por qué entonces seguíamos con ideas conservadoras e imperialistas? Es innegable, está en nuestro ADN.

A lo largo de nuestra historia se ha buscado borrar dicha identidad por intereses contrarios de personajes tan detestables como el mencionado Juárez o Elías Calles, obteniendo resistencia de la mayor parte del pueblo, que supuestamente es quien debería decidir en un gobierno “democrático”.

Y así como estos hay otros muchos ejemplos que ayudan a demostrar el absurdo de negar la catolicidad del pueblo mexicano y que nos hacen reflexionar sobre nuestros problemas actuales, ¿cómo saber hacia dónde me dirijo si no sé de dónde vengo?


¡VIVA CRISTO REY!
¡VIVA SANTA MARÍA DE GUADALUPE!
¡VIVA MÉXICO!

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